
En el filme, Alicia es niña sólo un rato, en las primeras escenas, cuando sueña una recurrente pesadilla. Porque luego -huérfana de padre (adorado padre)- llega a una mansión donde la espera su propia fiesta de compromiso con un posme elegido de acuerdo con las conveniencias. Desde allí es que corre detrás de un conejo y cae por el hueco de un árbol.
La jovencita va a parar a un mundo algo lúgubre, de colores fríos, con pincelazos de horror y hasta pesadillesco. El que mejor salva la situación es el Sombrerero Loco de Johnny Depp, más por un luminoso trabajo de maquillaje (que se agradece entre tanta sombra) que por su labor interpretativa. Pero es cierto. Depp se plantea desde una actuación contenida, que es un oasis entre tanto animalillo histérico en exceso.
La reina de corazones (H. Bonham-Carter) -genialmente desfigurada computacionalmente para verse muy estrecha en contraste con su gran cabeza- más parece una cruza de Enrique VIII con la madrastra de Blancanieves, que aquella impredecible y sorprendente soberana que cada cierto tiempo lanza frases memorables.
El elegante y enigmático gato de Cheshire es aquí un Garfield de color oscuro.
La jovencita va a parar a un mundo algo lúgubre, de colores fríos, con pincelazos de horror y hasta pesadillesco. El que mejor salva la situación es el Sombrerero Loco de Johnny Depp, más por un luminoso trabajo de maquillaje (que se agradece entre tanta sombra) que por su labor interpretativa. Pero es cierto. Depp se plantea desde una actuación contenida, que es un oasis entre tanto animalillo histérico en exceso.
La reina de corazones (H. Bonham-Carter) -genialmente desfigurada computacionalmente para verse muy estrecha en contraste con su gran cabeza- más parece una cruza de Enrique VIII con la madrastra de Blancanieves, que aquella impredecible y sorprendente soberana que cada cierto tiempo lanza frases memorables.
El elegante y enigmático gato de Cheshire es aquí un Garfield de color oscuro.

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